Probióticos en deportistas: por qué no son todos iguales
Nutrición y suplementación

Probióticos en deportistas: por qué no son todos iguales

Un mismo probiótico mejoró la salud respiratoria en hombres y la empeoró en mujeres. La cepa y el sexo importan más de lo que se cree.

Resumen

En 2011 un equipo de investigadores australianos sometió a 99 ciclistas de nivel competitivo a un ensayo doble ciego de 11 semanas con un probiótico de uso extendido en el mundo del deporte. El objetivo era simple: comprobar si esa bacteria reducía los episodios de resfriado y las molestias digestivas durante un bloque de entrenamiento exigente. El resultado no fue simple en absoluto. En los hombres, el probiótico redujo de forma notable la carga de enfermedad respiratoria. En las mujeres, el mismo suplemento, a la misma dosis, se asoció con más problemas, no menos. Este hallazgo, incómodo pero real, es la mejor puerta de entrada para entender qué sabe hoy la ciencia sobre probióticos y rendimiento deportivo, y qué todavía no sabe.

El caso de partida real

West, Pyne, Cripps y colaboradores publicaron en Nutrition Journal un ensayo controlado, aleatorizado y doble ciego con 99 deportistas de resistencia bien entrenados, 64 hombres y 35 mujeres, con un consumo de oxígeno máximo medio de entre 52 y 56 mililitros por kilogramo y minuto. Durante 11 semanas de entrenamiento, un grupo recibió un mínimo de 1.000 millones de unidades formadoras de colonias al día de Lactobacillus fermentum VRI-003, y el otro recibió placebo. El protocolo incluyó además 2 semanas de registro basal antes de empezar y 2 semanas de seguimiento posterior. De los 99 participantes iniciales, 88 completaron el estudio.

Los recuentos fecales de lactobacilos se multiplicaron por 7,7 en los hombres del grupo probiótico frente al placebo, mientras que en las mujeres el aumento fue de apenas 2,2 veces y estadísticamente incierto. Y aquí llega la parte que rompe el guion esperado. En ambos sexos, el número y la duración de los episodios leves de molestias gastrointestinales fueron, en conjunto, aproximadamente el doble de frecuentes en el grupo que tomaba el probiótico que en el grupo placebo. Sin embargo, en los hombres la severidad de esos episodios fue menor, con una reducción de 0,7 puntos en una escala de gravedad a cargas de entrenamiento medias. Y en cuanto a las infecciones respiratorias altas y bajas, en los hombres la carga combinada de duración y severidad de la enfermedad respiratoria baja fue 0,31 veces menor con probiótico, con un intervalo de confianza del 99 por ciento de 0,07 a 0,96, mientras que en las mujeres esa misma carga aumentó 2,2 veces.

El problema

Durante años, la suplementación con probióticos se ha vendido a deportistas como una intervención genérica y prácticamente universal: tomar una cápsula con bacterias beneficiosas para fortalecer las defensas y mejorar la tolerancia digestiva del entrenamiento intenso. El caso de West y colaboradores desmonta esa simplificación de raíz. Un mismo producto, a la misma dosis, durante el mismo número de semanas, produjo beneficios claros en un subgrupo y un empeoramiento aparente en otro. La pregunta que queda abierta no es si los probióticos funcionan o no funcionan en el deporte, sino en quién, con qué cepa, a qué dosis y bajo qué condiciones fisiológicas concretas puede esperarse un efecto favorable. Para entrenadores, nutricionistas deportivos y estudiantes de ciencias del deporte, ignorar esta complejidad significa recomendar un suplemento con la misma lógica con la que se recomendaría un multivitamínico genérico, algo que la evidencia actual no respalda.

Desarrollo

El eje intestino-sistema inmunitario en el deportista de resistencia

El entrenamiento de resistencia de alto volumen es, en sí mismo, un factor de estrés para la mucosa intestinal y para el sistema inmunitario de superficie. Pyne, West y Cripps, en una revisión publicada en American Journal of Lifestyle Medicine, describen cómo el ejercicio prolongado e intenso reduce de forma transitoria la inmunoglobulina A salivar, altera la permeabilidad intestinal y modifica la producción de citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias tras el esfuerzo. Es precisamente sobre estas vías donde los probióticos intentan actuar, favoreciendo una microbiota que module la respuesta inmunitaria de mucosas y limite las llamadas perturbaciones citocínicas inducidas por el ejercicio. En el propio estudio de West y colaboradores, los autores registraron perturbaciones entre un 20 y un 75 por ciento menores en citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias tras el ejercicio en los grupos suplementados, un dato coherente con el mecanismo propuesto, aunque no suficiente por sí solo para explicar la divergencia entre sexos que se observó en los síntomas clínicos.

Cepas, no probióticos genéricos: por qué el efecto depende de la bacteria

El Posicionamiento de la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva sobre probióticos, firmado por Jäger, Mohr, Carpenter, Kerksick, Purpura, Moussa y colaboradores en el Journal of the International Society of Sports Nutrition, establece como conclusión central que los efectos de los probióticos son específicos de cada cepa bacteriana. Esto significa que los resultados obtenidos con Lactobacillus fermentum VRI-003 no pueden extrapolarse a cualquier otra combinación de bacterias, ni siquiera dentro del mismo género. Un buen ejemplo es Lactobacillus plantarum TWK10. Huang y colaboradores, en un ensayo publicado en Nutrients, distribuyeron a 54 adultos sanos, 27 hombres y 27 mujeres, en 3 grupos de 18 personas cada uno, que recibieron placebo, una dosis baja de 30.000 millones de unidades formadoras de colonias al día, o una dosis alta de 90.000 millones al día, durante 6 semanas. El grupo de dosis alta mostró un aumento del tiempo hasta el agotamiento a una intensidad del 85 por ciento del consumo máximo de oxígeno de forma dependiente de la dosis, junto con un incremento de la masa muscular, sin cambios relevantes en el peso corporal total. Ninguno de estos dos efectos, la reducción de infecciones respiratorias observada con VRI-003 o la mejora del rendimiento observada con TWK10, es intercambiable entre cepas. En FHI enseñamos a nuestros alumnos precisamente esto: a leer una etiqueta de probiótico exigiendo la cepa exacta y el estudio que la respalda, en lugar de asumir que todos los productos con la palabra probiótico hacen lo mismo.

Qué dice el conjunto de la evidencia sobre síntomas digestivos

Más allá de estudios individuales, conviene mirar la evidencia acumulada con perspectiva crítica. Łagowska, Bajerska, Kamiński y Del Bo publicaron en Nutrients una revisión sistemática de ensayos controlados y aleatorizados sobre probióticos y síntomas gastrointestinales en deportistas, que analizó 10 ensayos con un total de 822 deportistas. Su conclusión fue moderada: solo encontraron evidencia leve de un efecto positivo de los probióticos sobre los síntomas gastrointestinales durante el entrenamiento, el ejercicio y la competición, y consideraron que, con los datos disponibles, resulta imposible señalar un producto probiótico óptimo para el manejo de estas molestias. Esta prudencia es exactamente la que se espera de una lectura rigurosa de la literatura científica, y la que desde FHI tratamos de transmitir frente a la avalancha de promesas comerciales que rodea a la suplementación deportiva: la evidencia respalda un beneficio posible, específico de cepa y de contexto, no una solución universal.

Aplicaciones prácticas

De este caso y de la literatura que lo rodea se derivan varias recomendaciones concretas para el trabajo diario con deportistas. Primero, exigir siempre la identificación completa de la cepa bacteriana, incluyendo género, especie y designación alfanumérica, ya que términos genéricos como Lactobacillus o Bifidobacterium en una etiqueta no permiten anticipar ningún efecto concreto. Segundo, ajustar las expectativas al objetivo real: cepas como Lactobacillus fermentum VRI-003 se han estudiado por su efecto sobre la carga de enfermedad respiratoria e inmunidad de mucosas, mientras que cepas como Lactobacillus plantarum TWK10 se han estudiado por su efecto sobre el tiempo hasta el agotamiento y la composición corporal, y no son intercambiables. Tercero, considerar la variable sexo como un factor de respuesta individual relevante y no anecdótico, dado que el propio ensayo de referencia mostró trayectorias opuestas entre hombres y mujeres con idéntica intervención. Cuarto, mantener un margen de prudencia clínica: dado que la revisión de Łagowska y colaboradores solo encontró evidencia leve de beneficio sobre síntomas digestivos, no conviene presentar la suplementación probiótica como garantía de menos molestias intestinales en carrera o en competición. Quinto, respetar la duración de los protocolos que sí mostraron resultados, de 6 a 11 semanas de uso continuado según el estudio, en lugar de esperar efectos inmediatos tras pocos días de consumo.

Conclusión

El ensayo de West y colaboradores no ofrece una historia cómoda ni un titular fácil de vender. Ofrece algo más valioso para quien trabaja con deportistas: la prueba documentada de que un mismo probiótico, en el mismo protocolo, puede beneficiar a un grupo y complicar la situación de otro. La lección de fondo no es descartar los probióticos en el deporte, sino abandonar la idea de que constituyen una categoría uniforme de suplemento. Cada cepa es, en la práctica, una intervención distinta, con su propia evidencia, su propia dosis estudiada y sus propias poblaciones de respuesta. Formarse para distinguir esa diferencia, y no dejarse guiar por el marketing genérico de la palabra probiótico, es precisamente el tipo de criterio que en FHI intentamos instalar en cada profesional que pasa por nuestras aulas.

Referencias

Huang, W. C., Lee, M. C., Lee, C. C., Ng, K. S., Hsu, Y. J., Tsai, T. Y., Young, S. L., Lin, J. S., y Huang, C. C. (2019). Effect of Lactobacillus plantarum TWK10 on exercise physiological adaptation, performance, and body composition in healthy humans. Nutrients, 11(11), 2836.

Jäger, R., Mohr, A. E., Carpenter, K. C., Kerksick, C. M., Purpura, M., Moussa, A., Townsend, J. R., Lamprecht, M., West, N. P., Black, K., Gleeson, M., Pyne, D. B., Wells, S. D., Arent, S. M., Smith-Ryan, A. E., Kreider, R. B., Campbell, B. I., Bannock, L., Scheiman, J., Wissent, C. J., y Antonio, J. (2019). International Society of Sports Nutrition Position Stand: Probiotics. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 16, 62.

Łagowska, K., Bajerska, J., Kamiński, S., y Del Bo, C. (2022). Effects of probiotics supplementation on gastrointestinal symptoms in athletes: A systematic review of randomized controlled trials. Nutrients, 14(13), 2645.

Pyne, D. B., West, N. P., y Cripps, A. W. (2013). Probiotics and immune response to exercise. American Journal of Lifestyle Medicine, 7(1), 51-59.

West, N. P., Pyne, D. B., Cripps, A. W., Hopkins, W. G., Eskesen, D. C., Jairath, A., Christophersen, C. T., Conlon, M. A., y Fricker, P. A. (2011). Lactobacillus fermentum (PCC) supplementation and gastrointestinal and respiratory-tract illness symptoms: a randomised control trial in athletes. Nutrition Journal, 10, 30.

Javier Ortega

CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)

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