
Vitamina D y fuerza: lo que un metaanálisis de 2023 realmente demuestra
Un metaanálisis con 436 atletas halla que la vitamina D sube sus niveles en sangre pero no mejora fuerza ni potencia.
Resumen
Cada invierno, muchos deportistas añaden vitamina D a su rutina con la expectativa de rendir más. Un metaanálisis publicado en 2023 en Frontiers in Nutrition reunió 11 ensayos controlados aleatorizados con 436 atletas y encontró algo incómodo: la suplementación elevó con claridad la concentración de 25(OH)D en sangre, pero no produjo una mejora estadísticamente significativa de la fuerza máxima ni de la potencia. Este artículo explica por qué puede ocurrir, qué no demuestra ese resultado y cómo decidir con criterio cuándo suplementar y cuándo no.
El caso de partida
Rodríguez-Sánchez y colaboradores (2023) quisieron responder a una pregunta que se repite en vestuarios y consultas: si un deportista toma vitamina D, ¿mejora su fuerza máxima y su potencia? Para ello revisaron de forma sistemática los ensayos controlados aleatorizados disponibles y los combinaron estadísticamente. El resultado final incluyó 11 ensayos con un total de 436 atletas.
La conclusión de los autores fue doble. Por un lado, la suplementación aumentó de manera significativa la concentración sérica de 25(OH)D, el marcador que se utiliza en la analítica para valorar el estado de vitamina D. Por otro lado, no encontraron un efecto estadísticamente significativo sobre la fuerza máxima ni sobre la potencia.
Los análisis por subgrupos, según la concentración de partida con un corte en 75 nmol/L, apuntaron en la misma dirección. En los atletas con valores basales inferiores a 75 nmol/L, la diferencia media estandarizada (SMD, una medida del tamaño del efecto que permite comparar resultados medidos con pruebas distintas) fue de 0,25 (IC 95 %: −0,44 a 0,95; p = 0,47) para la fuerza del tren superior y de 0,26 (IC 95 %: −0,13 a 0,65; p = 0,19) para la del tren inferior. En potencia, en el subgrupo con valores de partida de 75 nmol/L o más, la SMD fue de 0,15 (IC 95 %: −0,42 a 0,72; p = 0,61). En todos los casos, los intervalos de confianza incluyen el cero.
El problema
La hipótesis de partida es razonable y por eso está tan extendida: si el músculo esquelético responde a la vitamina D y muchos deportistas tienen concentraciones bajas, corregir ese déficit debería traducirse en más fuerza. El problema aparece cuando esa hipótesis se convierte en una norma automática: suplementar a todos, todo el año, con la promesa de rendir más.
Para entrenadores, nutricionistas y deportistas, el caso plantea una pregunta práctica con consecuencias económicas y de salud: ¿tiene sentido recomendar vitamina D como ayuda ergogénica general o debe reservarse para quien tiene un déficit demostrado? Responderla exige separar tres cosas que suelen mezclarse: elevar un valor en sangre, corregir un déficit y mejorar el rendimiento.
- Por qué ocurre: qué mide la analítica y qué umbrales se usan
La concentración de 25(OH)D es el indicador habitual del estado de vitamina D. La guía de práctica clínica de la Endocrine Society (Holick et al., 2011) define la deficiencia como una concentración inferior a 20 ng/mL (50 nmol/L) y la insuficiencia como valores entre 21 y 29 ng/mL (aproximadamente entre 52,5 y 72,5 nmol/L). Estos umbrales proceden de la medicina clínica, no del rendimiento deportivo, y no existe un umbral de rendimiento universalmente aceptado.
Esto importa para interpretar el metaanálisis. Cuando se combinan ensayos con deportistas que parten de valores muy distintos, el efecto medio puede diluirse. Aun así, los autores analizaron subgrupos según el valor basal y tampoco hallaron diferencias significativas, de modo que la explicación no puede reducirse a una simple mezcla de poblaciones.
- Por qué ocurre: plausibilidad biológica no es lo mismo que efecto demostrado
Existe una base biológica para sospechar un vínculo entre la vitamina D y el músculo, y revisiones como la de Owens, Allison y Close (2018) la describen con detalle, incluida la presencia de receptores de vitamina D en el tejido muscular. En el ámbito deportivo, Close et al. (2013) observaron que una parte de los deportistas profesionales evaluados en invierno en el Reino Unido presentaba concentraciones por debajo del rango de suficiencia, lo que alimentó el interés por la suplementación.
Pero una hipótesis biológicamente plausible y una prevalencia de valores bajos no demuestran, por sí solas, que suplementar mejore la fuerza. Esa demostración exige ensayos controlados, y es precisamente lo que el metaanálisis de 2023 evaluó. En FHI enseñamos a nuestros alumnos a distinguir entre una asociación observacional, un mecanismo plausible y un efecto demostrado en ensayos, porque confundirlos es el origen de buena parte de los mitos de la suplementación.
- Por qué ocurre: lo que el resultado no demuestra
Conviene leer el resultado con la misma honestidad con la que se leería uno positivo. Con 436 atletas repartidos en 11 ensayos, la media es de unos 40 deportistas por ensayo, una muestra pequeña para detectar efectos moderados. Los intervalos de confianza lo reflejan: el de la fuerza del tren inferior (−0,13 a 0,65) es compatible tanto con ningún efecto como con un efecto de tamaño moderado.
Dicho de otro modo, el metaanálisis no demuestra que la vitamina D sea inútil para el rendimiento en cualquier circunstancia. Lo que muestra es que, con la evidencia disponible, no se ha podido demostrar un beneficio significativo sobre la fuerza máxima y la potencia, y que la ausencia de evidencia de efecto no equivale a evidencia de ausencia de efecto. Los propios autores señalan que hacen falta más investigaciones que superen las limitaciones de los estudios previos.
Cómo se resolvió, o cómo se resuelve con la evidencia disponible
La vía que respalda la evidencia no es suplementar a todos, sino medir, individualizar y corregir cuando hay un déficit. El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre suplementos en deportistas de alto rendimiento (Maughan et al., 2018) insiste en que los suplementos deben usarse con una justificación concreta y tras valorar su relación entre beneficio y riesgo, y no por costumbre.
En la práctica clínica, la guía de la Endocrine Society (Holick et al., 2011) contempla el tratamiento de la deficiencia con pautas definidas por el médico. La respuesta de la concentración sérica a la dosis no es idéntica en todas las personas: Close et al. (2013) diseñaron un estudio de dosis-respuesta en deportistas precisamente para relacionar la dosis ingerida con la concentración alcanzada. Por eso la dosis debe ajustarse con una analítica de control y no a ojo.
En cuanto a seguridad, el Instituto de Medicina de Estados Unidos (Ross et al., 2011) estableció un límite superior de ingesta tolerable de 4.000 UI al día (100 microgramos) para adultos. Superarlo de forma sostenida sin supervisión médica no es una práctica recomendable.
Aplicaciones prácticas
Estas son las pautas que se desprenden de la evidencia y que un profesional puede aplicar con sus clientes. Recuerda que prescribir un suplemento o interpretar una analítica corresponde al médico o al dietista-nutricionista; el entrenador puede informar, derivar y acompañar.
- Primera pauta: antes de suplementar, medir. Una analítica de 25(OH)D indica si existe un déficit o una insuficiencia. Sin ese dato, la suplementación es una suposición.
- Segunda pauta: si la concentración es suficiente, no esperar mejoras de fuerza por tomar más vitamina D. Con los datos disponibles, no hay evidencia de que añadir suplemento a un estado normal mejore el rendimiento.
- Tercera pauta: si hay déficit, derivar al médico. Es quien debe indicar la dosis y el tiempo, y repetir la analítica para comprobar la respuesta.
- Cuarta pauta: respetar el límite superior de 4.000 UI al día salvo indicación y seguimiento médico.
- Quinta pauta: priorizar el contexto. La exposición solar moderada y una alimentación que incluya pescado azul y huevo aportan vitamina D, y el estado del deportista depende también de la latitud, la estación del año y el tiempo que pasa al aire libre.
- Sexta pauta: no prometer a un cliente más fuerza por tomar vitamina D. Esa promesa no tiene hoy respaldo en los ensayos controlados en atletas.
Desde FHI promovemos que cada recomendación nutricional que un profesional transmite pueda defenderse con una referencia concreta y con honestidad sobre sus límites, incluso cuando la respuesta es que el suplemento de moda no está demostrado.
Conclusión
El caso del metaanálisis de 2023 deja una lección útil: elevar un valor en sangre no es lo mismo que mejorar el rendimiento. La vitamina D suplementada subió la concentración de 25(OH)D, pero con 11 ensayos y 436 atletas no se pudo demostrar una mejora significativa de la fuerza máxima ni de la potencia. Eso no convierte a la vitamina D en irrelevante, porque corregir un déficit sigue siendo una decisión de salud, pero sí desaconseja usarla como atajo ergogénico universal. La estrategia respaldada por la evidencia es medir primero, tratar el déficit con supervisión y reservar las promesas de rendimiento para aquello que sí está demostrado.
Referencias
Close, G. L., Leckey, J., Patterson, M., Bradley, W., Owens, D. J., Fraser, W. D., & Morton, J. P. (2013). The effects of vitamin D3 supplementation on serum total 25[OH]D concentration and physical performance: a randomised dose-response study. British Journal of Sports Medicine, 47(11), 692-696.
Close, G. L., Russell, J., Cobley, J. N., Owens, D. J., Wilson, G., Gregson, W., Fraser, W. D., & Morton, J. P. (2013). Assessment of vitamin D concentration in non-supplemented professional athletes and healthy adults during the winter months in the UK: implications for skeletal muscle function. Journal of Sports Sciences, 31(4), 344-353.
Holick, M. F., Binkley, N. C., Bischoff-Ferrari, H. A., Gordon, C. M., Hanley, D. A., Heaney, R. P., et al. (2011). Evaluation, treatment, and prevention of vitamin D deficiency: an Endocrine Society clinical practice guideline. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 96(7), 1911-1930.
Maughan, R. J., Burke, L. M., Dvorak, J., Larson-Meyer, D. E., Peeling, P., Phillips, S. M., et al. (2018). IOC consensus statement: dietary supplements and the high-performance athlete. British Journal of Sports Medicine, 52(7), 439-455.
Owens, D. J., Allison, R., & Close, G. L. (2018). Vitamin D and the athlete: current perspectives and new challenges. Sports Medicine, 48(Suppl 1), 3-16.
Rodríguez-Sánchez, et al. (2023). Effects of vitamin D supplementation on maximal strength and power in athletes: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Frontiers in Nutrition, 10, 1163313. https://doi.org/10.3389/fnut.2023.1163313
Ross, A. C., Manson, J. E., Abrams, S. A., Aloia, J. F., Brannon, P. M., Clinton, S. K., et al. (2011). The 2011 report on dietary reference intakes for calcium and vitamin D from the Institute of Medicine: what clinicians need to know. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 96(1), 53-58.
Javier Ortega
CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)



