Por qué el fútbol sigue sin prevenir las lesiones de isquiotibiales
Rendimiento y acondicionamiento

Por qué el fútbol sigue sin prevenir las lesiones de isquiotibiales

El curl nórdico reduce las lesiones de isquiotibiales, pero el fútbol profesional tardó años en aplicarlo pese a la evidencia.

Resumen

En 2015, Roald Bahr, Kristian Thorborg y Jan Ekstrand publicaron una encuesta incómoda: la mayoría de los equipos de la Liga de Campeones y de la primera división noruega no aplicaba el programa nórdico de prevención de lesiones de isquiotibiales, pese a que la evidencia disponible desde 2001 ya lo respaldaba. Ocho años después, el mismo grupo documentó que las lesiones de isquiotibiales habían seguido subiendo hasta representar el 24 % de todas las lesiones en el fútbol masculino profesional. Este artículo reconstruye ese desfase entre lo que sabemos y lo que hacemos, explica el mecanismo por el que el trabajo excéntrico protege, y expone también las críticas metodológicas que la propia comunidad científica ha planteado.

El caso: sabemos qué funciona y no lo hacemos

El punto de partida es un artículo publicado en el British Journal of Sports Medicine en 2015 y firmado por Bahr, Thorborg y Ekstrand. Su título ya era una declaración: la prevención de lesiones de isquiotibiales basada en la evidencia no es adoptada por la mayoría de los equipos de la Liga de Campeones ni de la primera división noruega.

El ejercicio en cuestión, el curl nórdico, se había introducido en la literatura en 2001. Los estudios disponibles apuntaban a reducciones sustanciales del riesgo de lesión aguda de isquiotibiales. Y sin embargo, la tasa de lesiones en el fútbol masculino de élite no había descendido en la década anterior. Los autores fueron a buscar la explicación al lugar correcto: preguntaron a los equipos qué hacían realmente. La respuesta fue que la adopción y la implementación del programa en el nivel más alto del fútbol europeo masculino era baja.

El caso no es un fallo de la ciencia. Es un fallo de transferencia. Y ese es el tipo de problema que más se repite en la práctica profesional del entrenamiento.

El problema: una lesión que no deja de crecer

En 2023, Ekstrand y colaboradores publicaron en el British Journal of Sports Medicine los resultados del UEFA Elite Club Injury Study a lo largo de veintiuna temporadas consecutivas, entre 2001-02 y 2021-22, con 3.909 jugadores de 54 equipos de 20 países europeos.

Los datos describen una curva ascendente. La proporción de lesiones de isquiotibiales sobre el total pasó del 12 % en la primera temporada al 24 % en la más reciente. La proporción se duplicó tanto en número de lesiones como en días totales de baja a lo largo del periodo estudiado. Y en las últimas ocho temporadas del registro, la incidencia aumentó tanto en entrenamiento como en competición, con un incremento anual de la incidencia en entrenamiento del 6,7 % y de la carga lesional del 9,0 %.

El problema, formulado con precisión, es este: disponemos desde hace más de veinte años de una intervención con respaldo experimental, y la lesión que pretende prevenir se ha convertido en la primera causa de baja del fútbol profesional masculino. La brecha entre la evidencia y la práctica no es un matiz académico. Es la diferencia entre una plantilla disponible y una temporada rota.

Por qué ocurrió: los mecanismos

La lesión ocurre en la fase de oscilación terminal y en excéntrico

La lesión típica del bíceps femoral no se produce cuando el músculo se acorta. Se produce cuando el músculo está generando tensión mientras se está alargando, en la fase final de oscilación de la carrera a alta velocidad, justo antes del contacto del pie con el suelo. En ese instante, los isquiotibiales frenan la extensión de la rodilla y la flexión de la cadera de forma simultánea, con longitudes musculares elevadas y momentos de fuerza muy altos.

La consecuencia metodológica es inmediata y explica por qué tanto trabajo de sala no protege. Un curl femoral sentado con carga moderada y sin componente excéntrico acentuado no reproduce las condiciones mecánicas en las que ocurre la lesión. El estímulo debe ser excéntrico, a longitudes largas y con exigencia de fuerza elevada.

Desde FHI insistimos en un principio que atraviesa toda la metodología del entrenamiento: la especificidad del estímulo no es un adorno teórico, es la condición que determina si una adaptación se transfiere o se queda en la sala.

La longitud del fascículo como factor de riesgo modificable

El segundo mecanismo lo documentaron Timmins y colaboradores en un estudio de cohorte prospectivo publicado en el British Journal of Sports Medicine en 2016. Sus datos indicaron que los fascículos cortos del bíceps femoral y la debilidad excéntrica de los flexores de rodilla se asociaban a un mayor riesgo de lesión de isquiotibiales en futbolistas de élite.

La relevancia práctica de este hallazgo es que se trata de dos factores modificables. La arquitectura muscular responde al entrenamiento: el trabajo excéntrico a longitudes largas induce sarcomerogénesis en serie y aumenta la longitud del fascículo, lo que desplaza el pico de la relación longitud-tensión hacia longitudes mayores. Dicho de otro modo, el músculo aprende a producir fuerza donde antes era vulnerable.

Bourne y colaboradores desarrollaron esta línea en Sports Medicine en 2018, proponiendo un marco basado en la evidencia para la selección de ejercicios de fortalecimiento en la prevención de lesiones de isquiotibiales, con la activación regional selectiva de la musculatura como criterio de selección. No todos los ejercicios de isquiotibiales activan las mismas porciones ni en la misma medida, y esa distinción condiciona el diseño de la sesión.

La adherencia como variable de entrenamiento

El tercer mecanismo es el que explica el caso de partida y el que menos se enseña. El curl nórdico genera un dolor muscular de aparición tardía muy marcado en las primeras semanas si se introduce sin progresión. En un contexto de competición semanal, un cuerpo técnico que percibe que el ejercicio compromete el rendimiento del fin de semana lo retira del programa. La barrera no fue de conocimiento, fue de dosificación y de gestión de la carga.

De ahí que la solución no consista en prescribir el ejercicio, sino en integrarlo en el microciclo con una progresión que respete el efecto de sesión repetida: pocas repeticiones al principio, asistencia en la fase excéntrica, ubicación en los días de mayor distancia del partido y aumento progresivo del volumen a lo largo de la pretemporada.

Cómo se resolvió: qué demuestra la evidencia y hasta dónde

El ensayo de referencia lo firmaron Petersen, Thorborg, Nielsen, Budtz-Jørgensen y Hölmich, y se publicó en The American Journal of Sports Medicine en 2011. Fue un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados en fútbol masculino danés, y encontró un efecto preventivo del entrenamiento excéntrico sobre las lesiones agudas de isquiotibiales.

La síntesis más citada es la de van Dyk, Behan y Whiteley, publicada en el British Journal of Sports Medicine en 2019, sobre 8.459 deportistas de quince estudios en distintos deportes, edades y sexos. El resultado fue una razón de riesgo de 0,49, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,32 y 0,74, a favor de los programas que incluían el ejercicio nórdico. Es decir, aproximadamente la mitad de lesiones.

Y aquí llega el matiz que un profesional riguroso no puede omitir. En 2021, Impellizzeri y colaboradores publicaron en el Journal of Clinical Epidemiology una reevaluación metodológica de ese metaanálisis y concluyeron que, corrigiendo determinadas decisiones analíticas, el efecto preventivo del ejercicio nórdico resultaba menos concluyente de lo que la cifra del 50 % sugiere.

Que exista esta discusión no invalida la intervención. La sitúa en su lugar real: el trabajo excéntrico de isquiotibiales es la estrategia mejor respaldada de las que tenemos, con un mecanismo fisiológico coherente y factores de riesgo modificables documentados, pero la magnitud exacta del beneficio está sujeta a debate metodológico abierto. En FHI formamos a nuestros alumnos precisamente para leer así la literatura: distinguiendo entre lo que un estudio demuestra, lo que sugiere y lo que el titular ha exagerado.

Aplicaciones prácticas

Progresión del ejercicio nórdico a lo largo de la pretemporada, siguiendo el esquema clásico del ensayo danés:

- Semanas 1 y 2: una sesión semanal, dos series de cinco repeticiones, con asistencia manual o con banda elástica para controlar el descenso.

- Semanas 3 y 4: dos sesiones semanales, con progresión hasta dos o tres series de seis a ocho repeticiones.

- Semanas 5 y siguientes: tres series de ocho a doce repeticiones, con reducción progresiva de la asistencia.

- Temporada competitiva: una sesión semanal de mantenimiento, con volumen reducido y ubicada lejos del partido.

Criterios de ejecución que determinan si el estímulo es el correcto:

- Frenar el descenso el mayor tiempo posible en lugar de dejarse caer. El objetivo es el tiempo bajo tensión en la porción final del recorrido, no completar la repetición.

- Mantener la cadera extendida y evitar la flexión compensatoria, que reduce la longitud a la que trabaja el bíceps femoral.

- Empujar con los brazos para volver a la posición inicial. La fase concéntrica no es el objetivo.

- Registrar la progresión. Sin registro no hay progresión, solo repetición.

Complementos que la evidencia sitúa en el mismo marco:

- Incorporar ejercicios de cadera con longitudes largas, como el peso muerto rumano o los deslizamientos excéntricos, para cubrir patrones de activación distintos.

- Exponer al deportista a carrera a alta velocidad de forma planificada y progresiva. El sprint es a la vez un factor de riesgo y una vacuna: el músculo debe estar habituado a las velocidades a las que va a competir.

- Vigilar los picos de carga semanal. La incidencia de estas lesiones se concentra en fases de acumulación rápida de volumen de alta intensidad.

- Considerar el historial previo como el factor de riesgo no modificable de mayor peso y ajustar la individualización en consecuencia.

Errores frecuentes que conviene desterrar:

- Introducir el ejercicio con volumen alto en la primera semana, garantizando así el rechazo del jugador y del cuerpo técnico.

- Sustituirlo por curl femoral en máquina asumiendo que es equivalente.

- Abandonarlo en cuanto empieza la competición, que es justo cuando la exposición al riesgo aumenta.

- Presentarlo como una garantía de no lesionarse. Reduce el riesgo; no lo elimina.

Conclusión

El caso del ejercicio nórdico es, ante todo, una lección sobre transferencia. Durante más de una década, el fútbol profesional dispuso de una intervención respaldada por ensayos controlados y no la aplicó de forma generalizada, mientras la lesión que pretendía evitar duplicaba su peso hasta representar una de cada cuatro bajas. La barrera no fue la ignorancia: fue la dosificación, la adherencia y la gestión del calendario.

La moraleja metodológica es doble. Primera: un programa preventivo que no se ejecuta tiene una eficacia de cero, por muy sólida que sea su evidencia; el diseño debe contemplar desde el principio cómo va a sobrevivir a la temporada. Segunda: la magnitud del beneficio está sometida a un debate metodológico legítimo y honesto, y el profesional serio comunica esa incertidumbre en lugar de esconderla. Trabajar con evidencia no es repetir una cifra impactante. Es entender el mecanismo, aplicar la dosis correcta y saber exactamente hasta dónde llega lo que podemos prometer.

Referencias

Bahr, R., Thorborg, K., & Ekstrand, J. (2015). Evidence-based hamstring injury prevention is not adopted by the majority of Champions League or Norwegian Premier League football teams: The Nordic Hamstring survey. British Journal of Sports Medicine, 49(22), 1466-1471.

Bourne, M. N., Timmins, R. G., Opar, D. A., Pizzari, T., Ruddy, J. D., Sims, C., Williams, M. D., & Shield, A. J. (2018). An evidence-based framework for strengthening exercises to prevent hamstring injury. Sports Medicine, 48(2), 251-267.

Ekstrand, J., Bengtsson, H., Waldén, M., Davison, M., Khan, K. M., & Hägglund, M. (2023). Hamstring injury rates have increased during recent seasons and now constitute 24% of all injuries in men's professional football: The UEFA Elite Club Injury Study from 2001/02 to 2021/22. British Journal of Sports Medicine, 57(5), 292-298.

Impellizzeri, F. M., McCall, A., van Smeden, M., et al. (2021). Why methods matter in a meta-analysis: A reappraisal showed inconclusive injury preventive effect of Nordic hamstring exercise. Journal of Clinical Epidemiology, 140, 111-124.

Petersen, J., Thorborg, K., Nielsen, M. B., Budtz-Jørgensen, E., & Hölmich, P. (2011). Preventive effect of eccentric training on acute hamstring injuries in men's soccer: A cluster-randomized controlled trial. The American Journal of Sports Medicine, 39(11), 2296-2303.

Timmins, R. G., Bourne, M. N., Shield, A. J., Williams, M. D., Lorenzen, C., & Opar, D. A. (2016). Short biceps femoris fascicles and eccentric knee flexor weakness increase the risk of hamstring injury in elite football: A prospective cohort study. British Journal of Sports Medicine, 50(24), 1524-1535.

van Dyk, N., Behan, F. P., & Whiteley, R. (2019). Including the Nordic hamstring exercise in injury prevention programmes halves the rate of hamstring injuries: A systematic review and meta-analysis of 8459 athletes. British Journal of Sports Medicine, 53(21), 1362-1370.

Javier Ortega

CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)

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