Como monetizar el gasto secundario en tu gimnasio
Gestión de gimnasios

Como monetizar el gasto secundario en tu gimnasio

El pro-shop bien gestionado aumenta el ingreso por socio sin captar más gente ni ampliar instalaciones.

Resumen

La mayoría de los gimnasios vive casi por completo de la cuota mensual y deja pasar una segunda línea de ingresos que otros negocios llevan décadas explotando: el gasto secundario. Bebidas, suplementos, ropa, accesorios, servicios complementarios. Este artículo parte de lo que el sector documenta sobre los ingresos auxiliares y su peso en la rentabilidad por socio, explica por qué el ingreso por socio importa más que el simple volumen de altas, y detalla qué vender y qué no, y cómo montar un pro-shop rentable sin convertir tu gimnasio en una tienda.

El caso o punto de partida

Los informes del sector, entre ellos el European Health and Fitness Market Report que elaboran EuropeActive y Deloitte, así como los estudios de IHRSA y la Health and Fitness Association, distinguen sistemáticamente entre dos tipos de ingreso en un club: el ingreso por cuotas y el ingreso secundario o auxiliar, también llamado secondary spend. Ese ingreso secundario agrupa todo lo que un socio gasta en el club más allá de su mensualidad: entrenamiento personal, bebidas, suplementación, ropa, accesorios, servicios de recuperación, tienda. Y una de las observaciones recurrentes de esos informes es que los clubes con un gasto secundario más desarrollado tienden a mostrar una rentabilidad por socio más alta y una relación con el cliente más rica.

El punto de partida es, por tanto, una asimetría notable. En sectores como la hostelería, el ocio o el retail, el gasto adicional por cliente es una parte central del modelo de negocio y se trabaja con esmero. En muchos gimnasios, en cambio, ese ingreso secundario está casi inexplorado: una máquina de bebidas medio olvidada, unas camisetas con el logo cogiendo polvo en un estante, ningún sistema para que el socio gaste más allá de su cuota. Se deja sobre la mesa un margen que ya está a mano, dentro de las mismas paredes y con los mismos clientes que ya vienen cada día.

El problema

El problema de fondo es una obsesión con el volumen de altas que ignora el valor de cada socio. La energía del gimnasio se concentra casi por entero en captar más socios y en no perder los que tiene, mientras que la pregunta de cuánto vale cada socio, más allá de su cuota, apenas se plantea. Se persigue crecer sumando cuerpos, cuando muchas veces habría más margen en aumentar lo que aporta cada uno de los cuerpos que ya están dentro.

Ese enfoque tiene un límite claro. Captar socios es caro y las instalaciones tienen un aforo. Llega un punto en que sumar más altas es difícil, costoso o directamente imposible sin saturar el club. En cambio, aumentar el ingreso por socio no tiene ese techo físico: con los mismos socios, las mismas instalaciones y el mismo personal, un gimnasio puede elevar de forma significativa su facturación y su margen si desarrolla el gasto secundario. Renunciar a esa palanca es renunciar a la vía de crecimiento con menos fricción que tiene el negocio.

Por qué ocurrió

El modelo mental es la cuota y solo la cuota

El primer motivo es cultural. El gimnasio se concibe a sí mismo como un negocio de suscripción: cobro una cuota a cambio de acceso, y ahí termina mi propuesta económica. Bajo ese modelo mental, cualquier otra fuente de ingreso se percibe como algo ajeno, secundario o casi impropio, como si vender una bebida o una prenda distrajera del negocio de verdad. Esa concepción estrecha del negocio hace que ni siquiera se piense en el gasto secundario como una línea que trabajar, y lo que no se piensa, no se gestiona.

Se teme parecer una tienda y no un gimnasio

El segundo motivo es un temor legítimo pero mal resuelto: el miedo a convertir el gimnasio en un bazar, a que la experiencia se comercialice en exceso y el socio se sienta permanentemente vendido. Ese temor es sano, pero muchos gestores lo resuelven por la vía fácil, que es no vender casi nada. Y esa solución tira al niño con el agua sucia: por evitar el exceso, renuncian por completo a una línea de ingreso que, bien planteada, no molesta al socio, sino que le añade valor y comodidad. El problema no es vender, es vender mal; y la respuesta correcta no es no vender, sino vender bien.

Nadie es responsable del gasto secundario

El tercer motivo es organizativo. En la estructura típica de un gimnasio, alguien responde por las cuotas, alguien por las clases, alguien por el mantenimiento, pero nadie tiene como misión el ingreso secundario. Sin un responsable, sin objetivos y sin surtido pensado, la tienda o la oferta de productos queda a la deriva: se compra algo de stock una vez, se coloca sin criterio y se abandona cuando no se vende solo. La ausencia de propiedad sobre esa línea garantiza que nunca despegue.

Cómo se resolvió

La solución es tratar el gasto secundario como una línea de negocio de verdad, con criterio de qué vender, cómo exponerlo y cómo integrarlo en la experiencia sin saturar. La regla que lo guía todo es sencilla: vender aquello que el socio ya necesita en el contexto de su entrenamiento, resolviéndole una necesidad real, no colocándole productos que no tienen que ver con su motivo de estar allí.

Sobre qué vender, conviene priorizar lo que tiene rotación natural y encaja con el momento del socio. La bebida y la hidratación funcionan porque se consumen en el propio club, día tras día, con recompra constante. La suplementación básica y de confianza encaja porque responde a los objetivos por los que la gente entrena, siempre que se ofrezca con criterio y sin promesas exageradas. La ropa y los accesorios con marca del gimnasio cumplen una doble función: generan margen y convierten al socio en embajador que pasea la marca por la calle. Los servicios complementarios, como el entrenamiento personal o sesiones de recuperación, suelen ser el gasto secundario con más margen y más vínculo, porque refuerzan resultados y pertenencia. Sobre qué no vender, la regla es evitar todo lo que no tenga relación con el entrenamiento y la salud del socio, lo que despiste de la propuesta central del club o lo que exija una gestión de inventario desproporcionada para su retorno. Un pro-shop rentable es enfocado, no un bazar.

Sobre cómo montarlo sin convertirse en tienda, hay tres principios. Primero, integración natural: los productos se colocan donde tienen sentido, la bebida cerca de la salida de la sala, la ropa en un punto visible pero no invasivo, de modo que estén disponibles cuando el socio los necesita sin sentirse acosado. Segundo, surtido corto y bueno: pocos productos, bien elegidos y de calidad, rotan mejor y transmiten confianza que un muestrario enorme y disperso; menos referencias significan menos inventario inmovilizado y menos riesgo. Tercero, responsable y objetivos: alguien debe hacerse cargo de esta línea, con metas de venta, control de stock y seguimiento del margen, igual que se hace con cualquier otra parte del negocio. Y todo ello con la venta al servicio de la experiencia: el equipo recomienda lo que de verdad ayuda al socio a lograr su objetivo, no lo que hay que colocar, porque un socio que percibe que le venden por su bien vuelve a comprar, y uno que se siente presionado se aleja.

Aplicaciones prácticas

- Cambia el foco de solo captar más socios a aumentar el ingreso por socio. Calcula cuánto aporta de media cada socio más allá de su cuota; probablemente descubras mucho margen sin explotar.

- Nombra un responsable del gasto secundario, con objetivos de venta, control de stock y seguimiento de margen. Sin propiedad de la línea, no despega.

- Empieza por lo de mayor rotación natural: bebida e hidratación, que se consumen en el club día a día y tienen recompra constante. Es la vía de entrada más sencilla y menos arriesgada.

- Añade suplementación básica y de confianza, ofrecida con criterio y sin promesas exageradas, alineada con los objetivos por los que la gente entrena.

- Usa ropa y accesorios con tu marca para generar margen y convertir a los socios en embajadores que pasean tu logo por la calle.

- Prioriza los servicios complementarios, como entrenamiento personal o recuperación, que suelen ser el gasto secundario con más margen y más vínculo con el socio.

- Mantén un surtido corto y de calidad. Pocas referencias bien elegidas rotan mejor, inmovilizan menos inventario y transmiten más confianza que un muestrario disperso.

- Integra los productos de forma natural en el recorrido del socio: disponibles donde tienen sentido, visibles pero no invasivos. Disponibilidad, no acoso.

- Forma al equipo para recomendar por el bien del socio, no para colocar producto. La venta debe reforzar la experiencia y los resultados, nunca erosionar la confianza.

- Mide cada línea por separado: rotación, margen y contribución al ingreso por socio. Retira lo que no funciona y refuerza lo que sí, con datos, no por intuición.

Conclusión

El crecimiento de un gimnasio no depende solo de cuántos socios entran por la puerta, sino de cuánto valor genera con los que ya tiene dentro. El gasto secundario, esa tienda que casi nadie exprime, es la línea de margen más accesible del negocio: los clientes ya están, las instalaciones ya están, el tráfico diario ya existe. Lo único que falta es dejar de verlo como algo impropio del gimnasio y empezar a gestionarlo con criterio, con un surtido enfocado, un responsable claro y la disciplina de vender siempre al servicio de la experiencia del socio. Bien hecho, el pro-shop no convierte tu gimnasio en una tienda; lo convierte en un negocio más rentable por cada socio, sin captar uno más y sin poner un ladrillo. Ese es el tipo de crecimiento, silencioso y de margen, que separa a los clubes que sobreviven de los que prosperan.

Referencias

- EuropeActive y Deloitte. European Health and Fitness Market Report, referencias sobre ingresos auxiliares, secondary spend y rentabilidad por socio.

- IHRSA / Health and Fitness Association. Estudios sobre estructura de ingresos de los clubes, gasto secundario y valor por socio.

- McKinsey and Company. Análisis sobre valor del cliente, monetización de la base existente y crecimiento del ingreso por cliente.

- Mindbody. Informes de sector sobre comportamiento de compra del consumidor de fitness y servicios complementarios.

Javier Ortega

CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)

Sigue leyendo

Ver todo