
¿Funcionan los ésteres de cetonas para el rendimiento deportivo?
Dos ensayos con élite dieron resultados opuestos sobre las cetonas exógenas: qué dice realmente la evidencia científica.
Resumen
En 2016, un equipo de la Universidad de Oxford publicó que una bebida de éster de cetonas cambiaba el combustible que utilizan los músculos durante el ejercicio y que mejoraba el rendimiento de deportistas de alto nivel. Un año después, otro laboratorio probó una bebida de cetonas similar en ciclistas profesionales y obtuvo el efecto contrario. Este artículo recorre ambos ensayos, explica por qué no son tan contradictorios como parecen y resume lo que concluyó una actualización de metaanálisis con 10 estudios: la evidencia es insuficiente para recomendar estos suplementos con fines de rendimiento.
El caso o punto de partida
En julio de 2016, Pete J. Cox, Kieran Clarke y sus colaboradores publicaron en la revista Cell Metabolism un trabajo con cinco estudios y 39 deportistas de alto rendimiento: remeros, ciclistas y triatletas, todos menos dos varones, algunos de ellos antiguos olímpicos. Según la descripción que hizo la prensa especializada, el diseño fue cruzado, aleatorizado y de simple ciego.
La novedad no era el uso de cetonas, sino la forma de conseguir la cetosis. En lugar de provocarla con ayuno o con una dieta muy baja en hidratos de carbono, los investigadores la indujeron con un suplemento de éster de cetona. Los autores informaron de que esa cetosis redujo la glucólisis muscular y el lactato plasmático, aportó un combustible alternativo para la fosforilación oxidativa y aumentó la oxidación de triacilglicéridos intramusculares durante el ejercicio, incluso con glucógeno muscular normal, hidratos de carbono ingeridos e insulina elevada.
En la prueba de rendimiento descrita por la prensa especializada, los ciclistas recorrieron unos 400 metros más en 30 minutos que en la condición de control, una mejora de aproximadamente el 2 %. El titular era irresistible: un combustible nuevo, más eficiente, capaz de ahorrar glucógeno.
El problema
Un hallazgo metabólico espectacular no equivale a un suplemento que mejora las marcas. En 2017, Jill J. Leckey, Louise M. Burke y su equipo evaluaron un diéster de cetona en 10 ciclistas profesionales masculinos, con un diseño cruzado y aleatorizado. Los ciclistas llegaron a la prueba con una cena y un desayuno ricos en hidratos de carbono y con 200 mg de cafeína en el desayuno. Después tomaron el diéster de cetona (2 dosis de 250 mg por kilo de peso corporal) o un placebo antes del calentamiento y realizaron una contrarreloj en ergómetro de unos 31 kilómetros que simulaba el recorrido del Campeonato del Mundo de ciclismo en ruta de 2017.
El resultado fue un empeoramiento del rendimiento del 2 ± 1 % con el diéster de cetona. Ese deterioro se asoció con molestias digestivas y con una mayor percepción del esfuerzo, mientras las concentraciones de cetonas en sangre y orina se mantenían elevadas durante toda la prueba. La magnitud del efecto fue casi la misma que la del ensayo de Oxford, pero con signo contrario.
La pregunta que se abre es de interés directo para entrenadores, nutricionistas y deportistas: si dos estudios de calidad con deportistas de élite apuntan en direcciones opuestas, ¿qué se debe recomendar?
Por qué ocurrió
- Primera subsección: el metabolismo no es el rendimiento
El ensayo de Oxford demostró algo real y valioso desde el punto de vista fisiológico: un éster de cetona puede modificar el uso de sustratos durante el ejercicio. Pero cambiar la mezcla de combustibles no garantiza correr o pedalear más rápido. El rendimiento depende de muchos factores a la vez, como la tolerancia digestiva, la percepción del esfuerzo, la disponibilidad de energía y la propia estrategia de carrera. Un mecanismo plausible es una condición necesaria para una mejora, no una prueba de que esta ocurra.
- Segunda subsección: el contexto de la prueba importa
Los dos estudios difirieron en la dosis, en el estado nutricional previo, en la duración de la prueba (unos 30 minutos en la descripción del ensayo de Oxford y unos 50 minutos en el de Leckey) y en las características de los participantes. En el estudio de 2017, los ciclistas estaban cargados de hidratos de carbono y habían tomado cafeína, una situación muy parecida a la de una competición real. Con tantas diferencias a la vez, no es posible atribuir la divergencia a un único factor, y cualquier explicación concreta sería una hipótesis, no un hecho.
- Tercera subsección: la suma de la evidencia
Margolis y O'Fallon actualizaron en 2020 su metaanálisis sobre la suplementación aguda con cetonas y el rendimiento físico. Incluyeron 10 estudios: 5 con ésteres de cetona y 5 con sales o precursores. No encontraron diferencias significativas entre los suplementos y el control, ni en conjunto ni por separado para ésteres y para sales o precursores. La heterogeneidad fue muy alta (I² = 90 % en conjunto y 95 % en los ésteres), lo que indica que los resultados de los estudios individuales eran muy distintos entre sí. Los autores concluyeron que la evidencia disponible es insuficiente para recomendar los suplementos de cetonas con el fin de mejorar el rendimiento físico.
Cómo se resolvió (o cómo se podría haber resuelto)
Este caso no tiene un final cerrado: la ciencia no ha demostrado que el suplemento funcione ni que sea inútil en todos los contextos. La vía que respalda la evidencia es, por tanto, la prudencia. Una revisión de la fisiología del metabolismo de las cetonas durante el ejercicio (Evans et al., 2017) describe la base teórica de la suplementación exógena, y otra revisión sobre la dieta cetogénica baja en hidratos de carbono y alta en grasa en el deporte de resistencia de élite (Burke, 2021) ilustra lo cuidadoso que debe ser el debate sobre cualquier estrategia que altere el combustible principal del deportista. Ambas apuntan a lo mismo: antes de adoptar una estrategia nueva hay que separar la plausibilidad fisiológica de la evidencia de rendimiento.
En FHI enseñamos a nuestros alumnos a basar sus decisiones en la ciencia, evitando mitos y desinformación. Aplicado a este caso, eso significa tratar el éster de cetona como una herramienta experimental y no como una recomendación general.
Aplicaciones prácticas
Primero, no recomiendes el suplemento a partir de un único estudio favorable. Los resultados de Oxford y de Leckey demuestran que el mismo tipo de producto puede ayudar o perjudicar según el contexto.
Segundo, si un deportista insiste en probarlo, hazlo en entrenamientos y nunca por primera vez el día de la competición. Reproduce la estrategia de alimentación real de la prueba y compárala con una versión sin el suplemento.
Tercero, registra siempre dos variables que en el estudio de Leckey se vieron afectadas: las molestias digestivas y la percepción del esfuerzo. Un suplemento que provoca malestar o hace que el esfuerzo se perciba como más duro puede restar más de lo que suma.
Cuarto, antes de invertir en una estrategia incierta, asegura lo básico: una ingesta suficiente de energía y de hidratos de carbono adaptada a la duración del esfuerzo, una hidratación correcta y un buen descanso. Sin esa base, ningún suplemento compensa los fallos de partida.
Quinto, comunica la incertidumbre con honestidad. Decir "la evidencia es insuficiente" es una respuesta científica correcta y protege al deportista de gastos y riesgos innecesarios.
Conclusión
Dos ensayos con deportistas de élite, con una diferencia de rendimiento de casi el 2 % en cada uno y con signo opuesto, bastan para entender por qué la ciencia del rendimiento exige cautela. El éster de cetona modifica el metabolismo, pero eso no se traduce de forma fiable en mejores marcas, y la actualización de metaanálisis con 10 estudios no encontró diferencias significativas, con una heterogeneidad muy alta. La moraleja es doble: un mecanismo atractivo no basta para recomendar un suplemento, y un resultado favorable aislado debe contrastarse con el resto de la evidencia. Desde FHI promovemos una metodología estructurada y validada científicamente para tomar decisiones de nutrición deportiva, y este caso es un buen ejemplo de por qué es necesaria.
Referencias
Burke, L. M. (2021). Ketogenic low-CHO, high-fat diet: The future of elite endurance sport? The Journal of Physiology, 599(3), 819–843.
Cox, P. J., Kirk, T., Ashmore, T., Willerton, K., Evans, R., Smith, A., Murray, A. J., Stubbs, B., West, J., McLure, S. W., King, M. T., Dodd, M. S., Holloway, C., Neubauer, S., Drawer, S., Veech, R. L., Griffin, J. L., y Clarke, K. (2016). Nutritional ketosis alters fuel preference and thereby endurance performance in athletes. Cell Metabolism, 24, 256–268. https://doi.org/10.1016/j.cmet.2016.07.010
Evans, M., Cogan, K. E., y Egan, B. (2017). Metabolism of ketone bodies during exercise and training: Physiological basis for exogenous supplementation. The Journal of Physiology, 595(9), 2857–2871.
Leckey, J. J., Ross, M. L., Quod, M., Hawley, J. A., y Burke, L. M. (2017). Ketone diester ingestion impairs time-trial performance in professional cyclists. Frontiers in Physiology, 8, 806. https://doi.org/10.3389/fphys.2017.00806
Margolis, L. M., y O'Fallon, K. S. (2020). Reply to PL Valenzuela et al. Advances in Nutrition, 11(4), 1051–1053.
BeverageDaily. (2016, 28 de julio). Ketone esters boost endurance in elite athletes: Study. https://www.beveragedaily.com/Article/2016/07/28/ketone-esters-boost-endurance-in-elite-athletes-study/
Javier Ortega
CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)


