Estudio MATADOR: dieta intermitente frente a déficit continuo
Nutrición y suplementación

Estudio MATADOR: dieta intermitente frente a déficit continuo

Qué demostró realmente el estudio MATADOR sobre pausas de mantenimiento en la dieta y qué límites tiene para el deportista.

Resumen

En 2018, un equipo dirigido por Nuala Byrne publicó el estudio MATADOR, un ensayo aleatorizado con 51 hombres con obesidad. Todos siguieron el mismo déficit, un 67 % de sus necesidades de mantenimiento, durante 16 semanas de restricción. La diferencia estaba en el calendario: un grupo hizo las 16 semanas seguidas y el otro las repartió en 8 bloques de 2 semanas, separados por 7 bloques de 2 semanas con la energía de mantenimiento, de modo que tardó 30 semanas en completarlas. El segundo grupo perdió más peso y más grasa, y mostró una caída menor del gasto energético en reposo una vez ajustado por la composición corporal. Este artículo explica qué midió realmente el estudio, qué límites tiene para el deportista y cómo usar la idea con criterio.

El caso o punto de partida

Byrne, Sainsbury, King, Hills y Wood publicaron en la revista International Journal of Obesity (2018, volumen 42, páginas 129 a 138) un ensayo controlado aleatorizado de un solo centro, conocido como MATADOR por las siglas en inglés de Minimising Adaptive Thermogenesis And Deactivating Obesity Rebound. Participaron hombres de 25 a 54 años, con un índice de masa corporal de 30 a 45 kg/m², peso estable durante los 6 meses previos y vida sedentaria. Se asignó al azar a 51 de ellos: 25 al grupo de restricción continua y 26 al de restricción intermitente.

En ambos grupos la ingesta prescrita fue el 67 % de los requerimientos de mantenimiento, es decir, una reducción del 33 %. El grupo continuo hizo 16 semanas de restricción sin interrupción. El grupo intermitente hizo 8 bloques de 2 semanas de restricción, lo que suma las mismas 16 semanas de dieta, separados por 7 bloques de 2 semanas de balance energético con el 100 % del mantenimiento, lo que suma 14 semanas de pausa. La cuenta es 16 + 14 = 30 semanas de calendario frente a las 16 del grupo continuo. Si se añaden las 4 semanas iniciales de línea base y las 8 semanas finales de balance energético, el estudio duró 28 semanas en el grupo continuo (4 + 16 + 8) y 42 semanas en el intermitente (4 + 30 + 8).

El flujo de participantes también importa para interpretar los resultados. Completaron la línea base 47 hombres (23 y 24 por grupo), terminaron la fase de restricción 41 (22 y 19) y el análisis por protocolo incluyó a 36 (19 y 17). Es decir, se pasó de 51 aleatorizados a 36 analizados en el análisis principal.

Con ese análisis por protocolo, el grupo continuo perdió 9,2 kg de peso y el intermitente 14,1 kg, una diferencia de unos 5 kg (P = 0,004). La masa grasa bajó 8,0 kg frente a 12,3 kg, una diferencia de 4,3 kg (P = 0,009). La masa libre de grasa bajó 1,2 kg frente a 1,8 kg, sin diferencia estadísticamente significativa (P = 0,42). Y el gasto energético en reposo, ajustado por masa libre de grasa y masa grasa, cayó 749 kJ al día en el grupo continuo frente a 360 kJ en el intermitente, una diferencia de 389 kJ (P = 0,03). Convertido a kilocalorías, son unas 179 kcal diarias frente a unas 86 kcal.

El problema

La restricción energética sostenida tiene un problema bien conocido por quienes preparan una competición o acompañan procesos de pérdida de grasa: a medida que se adelgaza, el cuerpo tiende a gastar menos energía, la adherencia se desgasta y el progreso se ralentiza. La pregunta que abrió MATADOR es práctica: si el déficit total es el mismo, ¿cambia el resultado al intercalar pausas de mantenimiento? Para entrenadores, nutricionistas y deportistas es relevante porque una dieta que se interrumpe sin perder resultados sería más sostenible. Pero la respuesta exige separar lo que el estudio demostró de lo que sugiere.

  • Por qué ocurrió: tres lecturas del resultado

La adaptación metabólica

Trexler, Smith-Ryan y Norton (2014) revisan la adaptación metabólica a la pérdida de peso, es decir, el descenso del gasto energético por encima de lo que explicaría la pérdida de masa corporal por sí sola, y sus implicaciones para el deportista. MATADOR partió de esa hipótesis: si las pausas atenúan esa adaptación, la dieta intermitente debería conservar mejor el gasto energético. Los datos van en esa dirección, pero con matices: el gasto energético en reposo absoluto cayó 624 kJ al día en el grupo continuo y 502 kJ en el intermitente, una diferencia que no fue significativa (P = 0,48). Solo el valor ajustado por composición corporal alcanzó significación.

El efecto del calendario

Los números de MATADOR cambian de aspecto según cómo se midan. Por semana de dieta, el grupo intermitente perdió 14,1 kg en 16 semanas de restricción, unos 0,88 kg por semana, frente a los 9,2 kg en 16 semanas del grupo continuo, unos 0,58 kg por semana. Pero por semana de calendario, el grupo intermitente perdió 14,1 kg en 30 semanas, unos 0,47 kg por semana, mientras que el continuo perdió 9,2 kg en 16 semanas, unos 0,58 kg por semana. Es decir, la dieta continua fue más rápida en el tiempo, y la intermitente fue más eficiente por cada semana de déficit. Quien tenga prisa, por ejemplo ante una fecha de competición cercana, no puede dar por buena la estrategia intermitente sin considerar el tiempo que consume.

Lo que el estudio no puede decir

Los participantes eran hombres sedentarios con obesidad, no deportistas, y el estudio no incluyó entrenamiento de fuerza ni medidas de rendimiento. La muestra fue pequeña, el estudio no pudo cegarse y hubo abandonos importantes. A los 6 meses de seguimiento se pudo evaluar solo a 28 hombres (13 del grupo continuo y 15 del intermitente). En ese subgrupo, el cambio de peso desde el final de la línea base fue de 11,1 kg de pérdida en el grupo intermitente frente a 3,0 kg en el continuo (P = 0,001), una diferencia de 8,1 kg. La recuperación de peso durante esos 6 meses fue de 3,5 kg en el grupo intermitente frente a 5,9 kg en el continuo, pero esa diferencia no fue significativa (P = 0,24). En FHI enseñamos a nuestros alumnos a no extrapolar un resultado a una población distinta de la estudiada, y este caso es un buen ejemplo.

Cómo se resolvió, o cómo se puede abordar con la evidencia

El propio MATADOR no resuelve cómo debe hacer dieta un deportista, pero la literatura aplicada ofrece un marco. Peos, Norton, Helms, Galpin y Fournier (2019) plantean las consideraciones teóricas de aplicar la dieta intermitente en el deportista; es un marco de razonamiento, no una prueba de eficacia. Helms, Aragon y Fitschen (2014) recomiendan, para la preparación de competiciones de culturismo, ritmos de pérdida moderados, de entre 0,5 y 1 % del peso corporal por semana, para proteger la masa magra. Y Garthe y colaboradores (2011) compararon en 24 deportistas de élite dos ritmos de pérdida, de aproximadamente 0,7 % y 1,4 % del peso corporal por semana, y observaron que el ritmo más lento se asoció con mejor evolución de la masa magra que el ritmo rápido.

La solución respaldada por la evidencia es, por tanto, prudente: priorizar un ritmo de pérdida moderado, proteger la proteína y el entrenamiento de fuerza, y considerar los descansos de mantenimiento como una opción para mejorar la adherencia y quizá atenuar la adaptación, no como una fórmula con resultados garantizados.

Aplicaciones prácticas

Antes de prometer resultados a un cliente, comprueba si se parece a la población estudiada. MATADOR no es una prueba de que un deportista vaya a perder 14 kg con pausas.

Define el objetivo y el plazo. Si la fecha límite es corta, un déficit continuo moderado puede ser más compatible con el calendario que un esquema que alarga el proceso.

Si planteas pausas, deja claro en la planificación cuánto duran, qué ingesta tendrán y qué indicadores vas a seguir. El patrón estudiado fue de 2 semanas de déficit y 2 de mantenimiento, pero en una población distinta a la deportiva.

Controla el ritmo de pérdida con la media semanal del peso, no con un valor aislado, y apóyate en perímetros, fuerza y rendimiento para detectar pérdida de masa magra.

Mantén el entrenamiento de fuerza y una ingesta de proteína adecuada durante todo el proceso, con o sin pausas.

Evalúa la adherencia como un resultado en sí mismo. Si una pausa programada hace que el cliente sostenga el plan, esa es una ventaja práctica aunque la diferencia metabólica sea modesta.

Desde FHI promovemos una metodología estructurada y validada científicamente: cada decisión de dieta debe poder justificarse con la evidencia disponible y con los datos del propio cliente.

Conclusión

MATADOR es un caso sólido y útil, pero limitado: en hombres sedentarios con obesidad, repartir 16 semanas de dieta en bloques de 2 semanas con pausas de mantenimiento produjo una mayor pérdida de peso y de grasa que hacerlas seguidas, a costa de casi duplicar el tiempo de calendario, de 16 a 30 semanas. La lección científica no es que descansar de la dieta sea siempre mejor, sino que el calendario del déficit es una variable que se puede planificar. En el deporte, esa variable debe manejarse con ritmos moderados, control de la masa magra y honestidad sobre lo que MATADOR, que no incluyó deportistas, no puede demostrar.

Referencias

Byrne, N. M., Sainsbury, A., King, N. A., Hills, A. P., & Wood, R. E. (2018). Intermittent energy restriction improves weight loss efficiency in obese men: The MATADOR study. International Journal of Obesity, 42(2), 129-138. https://doi.org/10.1038/ijo.2017.206

Garthe, I., Raastad, T., Refsnes, P. E., Koivisto, A., & Sundgot-Borgen, J. (2011). Effect of two different weight-loss rates on body composition and strength and power-related performance in elite athletes. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 21(2), 97-104.

Helms, E. R., Aragon, A. A., & Fitschen, P. J. (2014). Evidence-based recommendations for natural bodybuilding contest preparation: Nutrition and supplementation. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 11, 20.

Peos, J. J., Norton, L. E., Helms, E. R., Galpin, A. J., & Fournier, P. (2019). Intermittent dieting: Theoretical considerations for the athlete. Sports, 7(1), 22.

Trexler, E. T., Smith-Ryan, A. E., & Norton, L. E. (2014). Metabolic adaptation to weight loss: Implications for the athlete. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 11, 7.

Javier Ortega

CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)

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