La velocidad de la barra decide cuánta fuerza ganas
Fuerza e hipertrofia

La velocidad de la barra decide cuánta fuerza ganas

Parar la serie al perder solo un 20% de velocidad da casi la misma fuerza que al 40%, con la mitad de fatiga.

Resumen

Durante décadas, contar repeticiones fue la forma de medir el entrenamiento de fuerza. Pero un grupo de investigadores españoles demostró que la velocidad a la que se mueve la barra dice mucho más que el número de veces que la levantas. En un experimento de ocho semanas, quienes detenían cada serie al perder solo un 20 % de velocidad ganaron prácticamente la misma fuerza que quienes llegaban al 40 %, con la mitad de repeticiones y sin el mismo desgaste. Este artículo reconstruye ese hallazgo y explica cómo usar la velocidad para entrenar más inteligente, no simplemente más.

El caso: dos grupos, distinta pérdida de velocidad, resultado sorprendente

El punto de partida es un estudio de Pareja-Blanco y colaboradores publicado en la Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports en 2017. Veintidós hombres jóvenes se distribuyeron en dos grupos que siguieron un programa de sentadilla idéntico en carga e intensidad durante ocho semanas, con una única diferencia: cuánta velocidad se permitía perder dentro de cada serie antes de detenerla.

Un grupo paraba cada serie cuando la velocidad de la barra caía un 20 % respecto a la repetición más rápida (el grupo VL20). El otro continuaba hasta perder un 40 % de velocidad (el grupo VL40). Como la velocidad de la barra desciende a medida que aparece la fatiga, permitir una mayor pérdida de velocidad significa hacer más repeticiones por serie y acumular mucho más volumen total.

Al terminar las ocho semanas, con biopsias del vasto lateral, resonancia magnética y pruebas de fuerza y salto, el resultado desafió la intuición. El grupo VL40, que había hecho muchas más repeticiones, logró algo más de hipertrofia. Pero el grupo VL20, con la mitad del volumen aproximadamente, obtuvo ganancias de fuerza muy similares y mejoró más en el salto con contramovimiento. Además, el grupo de mayor volumen mostró un desplazamiento del tipo de fibra hacia un fenotipo más lento, con reducción de las fibras tipo IIX más veloces.

El problema: el volumen extra no salía gratis

El hallazgo puso el foco en una pregunta que muchos entrenadores nunca se hacen: si haciendo la mitad de repeticiones consigues casi la misma fuerza y mejor rendimiento explosivo, ¿para qué sirven las repeticiones adicionales que haces cuando la barra ya se arrastra?

Esas últimas repeticiones de una serie llevada cerca del fallo son las más lentas, las más fatigantes y las que más comprometen la técnica. El estudio sugería que buena parte de ese esfuerzo extra no aportaba fuerza adicional y sí generaba costes: más fatiga, más daño muscular, un desplazamiento del perfil de fibra que perjudica la potencia y una recuperación más lenta. El volumen no es gratis, y medirlo solo por número de repeticiones oculta lo que realmente ocurre dentro de la serie.

Por qué ocurre: la velocidad como ventana a la fatiga

La velocidad mide la intensidad real de cada repetición

El fundamento de todo esto se había establecido años antes. González-Badillo y Sánchez-Medina demostraron en 2010, en International Journal of Sports Medicine, que la velocidad con la que se desplaza una carga es un indicador muy fiable de la intensidad relativa: a cada porcentaje del máximo le corresponde una velocidad característica. Eso significa que, midiendo la velocidad, se puede estimar el esfuerzo de una serie con más precisión que fijándose solo en el peso o en las repeticiones.

La pérdida de velocidad delata la fatiga en tiempo real

El segundo pilar llegó en 2011, cuando Sánchez-Medina y González-Badillo publicaron en Medicine and Science in Sports and Exercise que la pérdida de velocidad dentro de una serie es un indicador directo de la fatiga neuromuscular. A medida que el músculo se fatiga, la barra se mueve más despacio, y esa caída se correlaciona con marcadores metabólicos y mecánicos del cansancio. Dicho de otro modo: la propia barra te está diciendo, repetición a repetición, cuánta fatiga estás acumulando. Detener la serie a un porcentaje de pérdida de velocidad determinado equivale a controlar la fatiga de forma objetiva, sin depender de la sensación subjetiva del deportista.

La pérdida de velocidad como variable que decide la adaptación

La confirmación a mayor escala llegó con Pareja-Blanco y colaboradores en 2020, de nuevo en Medicine and Science in Sports and Exercise, en un estudio que comparó varios umbrales de pérdida de velocidad. La conclusión reforzó la idea: umbrales bajos de pérdida de velocidad producen adaptaciones muy eficientes para la fuerza y la potencia con mucho menos volumen y menos fatiga, mientras que los umbrales altos maximizan la hipertrofia a costa de un desgaste mayor. La pérdida de velocidad se consolidó así como una variable crítica que determina el tipo de adaptación que se obtiene. En FHI enseñamos a nuestros alumnos que dominar las variables del entrenamiento, y no solo acumular series, es lo que separa a un profesional de la programación de un simple contador de repeticiones.

Cómo se aplica: entrenar con la velocidad como brújula

La lección práctica no es que el volumen alto sea malo, sino que debe elegirse en función del objetivo y no por inercia. Si la prioridad es la fuerza y la potencia con la máxima eficiencia y la mínima fatiga, controlar la pérdida de velocidad y detener las series pronto, en torno a un 20 %, es una estrategia respaldada por la evidencia. Si el objetivo es maximizar la hipertrofia y el deportista puede asumir y recuperar más volumen, permitir mayores pérdidas de velocidad tiene sentido, siempre sabiendo que el coste en fatiga será mayor.

Para quien no dispone de un encoder o dispositivo de medición de velocidad, la escala de repeticiones en reserva ofrece una aproximación útil. Zourdos y colaboradores (2016) validaron una escala de esfuerzo percibido basada en las repeticiones que uno siente que aún podría hacer, y Helms y colaboradores (2016) mostraron cómo aplicarla para regular la intensidad del entrenamiento de fuerza. Dejar un margen de repeticiones en reserva, en lugar de llegar sistemáticamente al fallo, persigue el mismo objetivo que controlar la pérdida de velocidad: acumular estímulo de calidad sin pagar un precio desproporcionado en fatiga. Desde FHI promovemos una metodología estructurada y validada científicamente para programar la fuerza, en la que la gestión de la fatiga es tan importante como la propia carga.

Aplicaciones prácticas

Para entrenadores y deportistas que quieran trasladar este conocimiento a la práctica:

Define el objetivo antes de elegir el volumen. Para fuerza y potencia, prioriza umbrales bajos de pérdida de velocidad, en torno al 20 %. Para hipertrofia, puedes permitir pérdidas mayores asumiendo más fatiga.

Si dispones de un dispositivo de medición de velocidad, fija la primera repetición como referencia y detén la serie cuando la velocidad caiga el porcentaje objetivo.

Si no tienes tecnología, usa las repeticiones en reserva como guía: deja dos o tres repeticiones en el depósito en lugar de llegar al fallo en cada serie.

Evita convertir el fallo muscular en la norma. Las últimas repeticiones lentas aportan poca fuerza adicional y mucha fatiga y daño muscular.

Vigila la recuperación. Un volumen que produce algo más de hipertrofia pero deteriora la potencia y alarga la recuperación puede no ser la mejor opción para deportistas que compiten.

Individualiza. La velocidad de referencia y la tolerancia a la fatiga varían entre personas; mide y ajusta en lugar de aplicar una fórmula fija.

Conclusión

El experimento que comparó parar la serie al 20 % o al 40 % de pérdida de velocidad dejó una idea que reordena la forma de entrenar la fuerza: no todas las repeticiones valen lo mismo, y hacer más no siempre es hacer mejor. La velocidad de la barra es una brújula que informa, repetición a repetición, de la intensidad real y de la fatiga acumulada. Aprovecharla permite obtener casi toda la fuerza con la mitad del desgaste y proteger la potencia y la recuperación. Entrenar con la velocidad como referencia no es una moda tecnológica: es aplicar lo que la ciencia lleva más de una década demostrando sobre cómo se adapta de verdad el músculo.

Referencias

González-Badillo, J. J., & Sánchez-Medina, L. (2010). Movement velocity as a measure of loading intensity in resistance exercise. International Journal of Sports Medicine, 31(5), 347-352.

Sánchez-Medina, L., & González-Badillo, J. J. (2011). Velocity loss as an indicator of neuromuscular fatigue during resistance training. Medicine and Science in Sports and Exercise, 43(9), 1725-1734.

Pareja-Blanco, F., Rodríguez-Rosell, D., Sánchez-Medina, L., Sanchis-Moysi, J., Dorado, C., Mora-Custodio, R., ... & González-Badillo, J. J. (2017). Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports, 27(7), 724-735.

Pareja-Blanco, F., Alcazar, J., Sánchez-Medina, L., Cornejo-Daza, P. J., Piqueras-Sanchiz, F., Mora-Custodio, R., ... & González-Badillo, J. J. (2020). Velocity loss as a critical variable determining the adaptations to strength training. Medicine and Science in Sports and Exercise, 52(8), 1752-1762.

Zourdos, M. C., Klemp, A., Dolan, C., Quiles, J. M., Schau, K. A., Jo, E., ... & Blanco, R. (2016). Novel resistance training-specific rating of perceived exertion scale measuring repetitions in reserve. Journal of Strength and Conditioning Research, 30(1), 267-275.

Helms, E. R., Cronin, J., Storey, A., & Zourdos, M. C. (2016). Application of the repetitions in reserve-based rating of perceived exertion scale for resistance training. Strength and Conditioning Journal, 38(4), 42-49.

Javier Ortega

CEO de FHI · Presidente de la Asociación Internacional de Entrenadores Personales (AIEP)

Sigue leyendo

Ver todo